lunes, 30 de noviembre de 2009

Las diosas celtas

Macha

Las diosas ocupaban un lugar predominante en el panteón de los celtas. Debido a la maldición de Macha, la madre de los gemelos de Emain, contra los hombres del Ulster, a muchos se les consideraba más débiles que las hembras, por lo que en la vida social la mujer disfrutaba de notables preferencias. Una muestra de ello es que en un gran número de tribus a los recién nacidos se les ponían los apellidos maternos.


Artio era la diosa de los campos, especialmente venerada por el pueblo celta de los helvecios, pero también en Asturias y otros puntos de Hispania. Se representa junto a un oso y un árbol. Arduina, una diosa cazadora del Bosque de las Ardenas, es representada en una estatuilla de bronce montando a galope un jabalí, y con un cuchillo de caza en la mano. Ése era el nombre galo de Diana, diosa de los bosques: Arduina o Abonoba (de donde deriva el nombre del río inglés Avon), divinidad de las fuentes y de la salud, y también de la luna. En algunos lugares de Alemania recibió el nombre de Mattiaca.


Artio


En las proximidades de las fuentes termales se acostumbraban los galos a levantar monumentos religiosos en los que se veneraba a Icovellauna, la diosa de la fuente de la frontera, y a una especie de ninfas. En esto perduró el espíritu indoeuropeo que dio nombre divino a ríos: Diva, Deva, Debe, Dieppe, Diest, Etc.


Rosmerta fue la diosa de la riqueza y de la fecundidad, a la que amaba Mercurio. Sus imágenes llevaban un enorme cuerno de la abundancia. El prefijo Ro nos indica su importancia.


Rosmerta


Los celtas conocieron y heredaron el culto a las deidades maternales. Ana-Dana, la diosa de la tierra, madre de los dioses, brindaba la felicidad a Irlanda. Y en los textos irlandeses la importancia de la diosa madre destaca especialmente. Finnabair, su hija, era la esposa de todos los reyes de Irlanda


Un grupo de tres diosas, las Matronae, fue adorado en todo el dominio celta. Se las representaba sentadas juntas, con largas túnicas. Todos sus atributos sugieren fertilidad: llevan un objeto redondo en la cabeza y sobre las rodillas portan cestos de fruta, animales o un cuerno de la abundancia. También pueden ir acompañadas de niños.


Matronae

En cuanto a Epona, era la diosa gala de los caballos, venerada también en España. En Irlanda se la conocía como Edain. Era una diosa de la naturaleza, asociada al agua, la curación y la muerte indistintamente, y comparable a Cibeles. Los romanos la incorporaron a su panteón. Acuñaron monedas en las que aparece con cabeza de caballo, y adornaban los establos con imágenes suyas. Era una divinidad doméstica de la abundancia o la prosperidad, y cada 18 de diciembre se hacía un festival en su honor en la propia Roma.

Epona


Su equivalente en la mitología galesa es Rhiannon, esposa de Pwyll, obligada a llevar a las visitas de su marido en forma de yegua hasta el interior del palacio. También es conocida como Rosette. Se la asocia con la muerte debido a la creencia de que eran los caballos los que llevaban las almas en su tránsito al otro mundo. A veces se la representa con una llave, un mapa o un plano, para guiar a los muertos hacia el cielo.


Otras divinidades de la Naturaleza eran Mebd (Sol), Sul, adorada por los británicos romanos como Sulis Minerva y Sirona (estrella).Y además Irlanda conoció otras deidades femeninas de la guerra junto con Macha (la Batalla): Badb, que aparece en varias leyendas de la época cristiana y se veía siempre como un cuervo enorme, y Nemain (Venenosa). Todas podrían ser diversas manifestaciones de Morrigu o Morrigan (la Gran Reina), que se mostraba bajo un aspecto terrible a los guerreros que partían al combate donde habían de ser muertos. Badb hacía también su aparición bajo la forma de una corneja y los textos medievales se complacen en describir su aspecto horroroso cuando se mostraba a los guerreros a los que esperaba una derrota cierta. Tanto Badb como Morrigu influyeron profundamente en la mitología escandinava.


domingo, 29 de noviembre de 2009

El Caballero Azul

Maximiliano II Manuel de Baviera

Maximiliano II Manuel de Baviera, hermano de la Delfina, era un joven Elector, gallardo y animoso, que adquirió en tierras de Hungría reputación de paladín de leyenda en la lucha contra los turcos. Ellos le dieron el nombre de Príncipe Azul, o Caballero Azul, por el color habitual de su vestimenta.


Maximiliano, a quien solían llamar Max Emanuel, pertenecía a la Casa de Wittelsbach, había nacido en Munich el 11 de julio de 1662. Fue también el último gobernador de los Países Bajos españoles y duque de Luxemburgo. Con veinte años se embarcó en una brillante carrera militar, tomando parte en la defensa de Viena contra los otomanos.


Regresó a la corte para casarse el 15 de julio de 1685 con María Antonia de Austria, hija del emperador Leopoldo I de Habsburgo y de la infanta Margarita de España. La fama de Max comenzó a hacerse legendaria cuando tres años más tarde dirigió la toma de Belgrado. Desde entonces no dejó de lanzarse a todas las guerras que en su tiempo agitaron a Europa.


María Antonia


Luchó del lado de los Habsburgo en la Guerra de los Nueve Años, también llamada de la Gran Alianza, una coalición de la mayor parte de las potencias europeas contra Luis XIV. Y, como yerno del emperador y de la infanta española, fue nombrado gobernador de los Países Bajos en 1692. Ese mismo año falleció su esposa, y poco después Max volvía a casarse, esta vez con Teresa Kunegunda Sobieska, hija del rey Juan III de Polonia.


Su primogénito, José Fernando, llevaba el título de Príncipe de Asturias, pues había sido designado para suceder a Carlos II en el trono español, dado que el monarca no dejaba descendencia y basando esta resolución en el derecho que le daba al niño el ser nieto de su hermana Margarita . El propio Carlos II lo había decidido así en 1696, durante el curso de una enfermedad que hizo temer por su vida y tras consultar al Consejo de Estado. Pero, contra todo pronóstico, resultó que José Fernando falleció al cabo de tres años, mientras que el monarca español logró sobrevivirle. Se produjo así un conflicto dinástico que desembocó en la Guerra de Sucesión española en 1701.


José Fernando


Muerto Carlos II, Max reconoció la validez del testamento y la designación del francés Felipe Vcomo sucesor, e hizo acuñar moneda con la efigie y el nombre de este príncipe en sus talleres de Amberes y Bruselas. Había ideado un plan para que los Wittelsbach suplantaran a los Habsburgo como emperadores. Se alió con los franceses contra ellos, pero Inglaterra Holanda y el Imperio tomaban partido por el archiduque Carlos para ocupar el trono español.


Las aspiraciones de Maximiliano se vieron frustradas tras la batalla de Blenheim en 1704. Durante la evacuación de su corte hacia los Países Bajos, su familia se separó y sus hijos fueron retenidos en Austria como prisioneros durante varios años. Baviera se repartió entre Austria y el Elector Palatino, lo que condujo a sangrientos levantamientos contra las tropas imperiales austriacas.


Max Emanuel


Después de la batalla de Ramilies, el 23 de mayo de 1706, se vio obligado de nuevo a huir de los Países Bajos y refugiarse en Versalles. Seis años más tarde conseguía que sus aliados franceses le cedieran Luxemburgo y Namour. La guerra terminó en 1713 con el tratado de Utrecht, que restauraba a Max, y al cabo de otros dos años tenía la dicha de volver a ver a su familia reunida en Munich.


De regreso en Baviera, aplicó todo su esfuerzo a tratar de equilibrar el fracaso de sus ambiciones políticas. Para él había sido un trago demasiado amargo tener que asistir a la elevación al trono de algunos príncipes alemanes: Augusto II el Fuerte, Federico I de Prusia y Jorge I de Hanover en el trono británico, mientras sus propios sueños se habían revelado impracticables.


Teresa Kunegunda Sobieska


Maximiliano Manuel apoyó entonces las nuevas guerras de los Habsburgo contra los turcos con fuerzas auxiliares bávaras. También fundó la Real Orden de San Jorge para la Defensa de la Inmaculada Concepción, cuyo objetivo era el reconocimiento de distinguidos servicios militares; construyó y rediseñó palacios y se interesó por el arte. Con él los Países bajos se convirtieron en un asilo seguro para todos los jansenistas emigrados durante la última década del siglo XVII.


En 1724 creó una unión de todas las líneas de la dinastía Wittelsbach para aumentar la influencia de su Casa y asegurarse votos de cara a la próxima elección imperial, que pretendía para sí mismo o bien para su hijo Carlos Alberto. A éste lo había casado en 1722 con la princesa Habsburgo María Amalia de Austria, hija del emperador José I. Finalmente su sueño se cumplió y Carlos Alberto alcanzó el trono imperial en 1742.


Pero Max Emanuel ya no vivía para contemplar su triunfo: el 26 de febrero del año 1726 fallecía en Munich el único Príncipe Azul que no perteneció a la leyenda.


viernes, 27 de noviembre de 2009

La primera huelga



En Florencia existía una gran dificultad para mantener el orden. A menudo se escuchaban gritos en las calles, gente que corría con la espada desenvainada. ¿Qué ocurría? Oh, nada grave; podía ser, simplemente, que en la plaza de la Signoria se estaban distribuyendo las magistraturas y cargos de la ciudad. Estamos en el año 1292. En Europa, los mongoles desfilan por Austria, aplastándolo todo con su poderío; en cambio en Florencia, ciudad libre y rica, si hay tumultos son los de sus habitantes por obtener el poder sobre la ciudad y sobre las tierras que controla. Mientras, en la sombra, los Médicis aguardan pacientemente su momento.

En la ciudad se pueden ejercer todas las profesiones mercantiles sin pagar ni diezmo ni gabela. Hay algunos nobles, de origen germánico en su mayoría, pero viven de sus rentas imperiales, protegidos por mercenarios a los que pagan bien para que los defiendan mal. En oposición a esta antigua nobleza, el pueblo empieza a ganar dinero con el preparado y teñido de las telas de lana, llamado calimaya, que debe su nombre a una calle de mala fama donde se establecieron los talleres más conocidos.

En pocos años las artes (que nosotros llamaríamos oficios) se desarrollan en Florencia a tal ritmo que las discrepancias no tardan en nacer. Entonces el magistrado de las leyes, el gonfaloniere, decide que es necesario dividir las artes en dos categorías: las artes mayores y las artes menores. Las mayores eran las ejercidas por jueces, notarios, comerciantes, cambistas, trabajadores de la lana, de la seda, banqueros, médicos y farmacéuticos. Es decir, que se trata de los oficios que más contribuyen al desarrollo económico. Las artes menores quedaban representadas por carniceros, zapateros, trabajadores de la piedra y la madera, ropavejeros, vendedores de vino, hoteleros, vendedores de aceite y embutidos, cerrajeros, carpinteros, curtidores, sombrereros, panaderos y fabricantes de correas.


No hay que olvidar dos artes fuera de categoría, pero de las que era difícil prescindir: el lustrador de corazas y el verdugo y sus ayudantes. Cada arte o corporación posee su blasón, siempre muy colorido, colocado en la fachada de la Señoría, a ambos lados de la loggia, que sirve, según las circunstancias, de tribuna a los parlamentarios o a los tiranos. Lorenzo de Médicis, Cavour y Mussolini utilizaron estos balcones para hacer arengas de contenidos muy diferentes.

Los gonfalonieri publican ordenanzas de justicia, en cumplimiento de las cuales cada ciudadano debe inscribirse en un arte o corporación. El que no está inscrito se convierte en un sciaparato, es decir, en un ciudadano de segunda categoría. Los nobles no están exentos de esta obligación. En el año 1293, en Florencia, el poder burgués los obliga a clasificarse si quieren ejercer plenamente su condición de ciudadanos.

Las ordenanzas son acogidas con entusiasmo, pero no por todos. La ciudad se divide en popolo grosso y popolo minuto, los gordos y los flacos. Estos últimos hacen manifestaciones en las calles y plazas, arrastran a la multitud. De discurso en discurso la tensión aumenta, y los flacos llegan a la solución extrema: la huelga, una auténtica novedad.


El trabajo se detiene en los talleres, los trabajadores sitian el palacio de la Señoría. El pueblo quiere que se reduzcan los impuestos, invade el palacio. El podestá cede, pero la reacción de los gordos es muy violenta. La gente se arma, pelea. Dante recuerda algo de esto cuando escribe que Florencia le parece un enfermo que cambia continuamente de posición para escapar al sufrimiento.

Los intrigantes se preparan para salir de las sombras. Entre ellos, una familia de ricos comerciantes, los Médicis. La huelga termina, Florencia recobra el orden y la prosperidad. Los Médicis tendrán paciencia suficiente para esperar que suene para ellos su hora, y van tomando posiciones mientras tanto, durante casi un siglo.

jueves, 26 de noviembre de 2009

El Herakleion, Templo de Melkart

Sancti Petri, Cádiz, España

El primer gran templo construido en la Península Ibérica fue obra de los fenicios, procedentes en su mayor parte de Tiro. Construido en las afueras de Gadir (Cádiz), los griegos le dieron posteriormente el nombre de Herakleion, puesto que lo identificaron con su héroe Heracles (Hércules). Era el templo principal de Melkart en Occidente, famoso en todo el mundo antiguo desde el año 500 a. C.


Según la documentación, se parecía al templo de Salomón en Jerusalén, diseñado y equipado por artesanos fenicios que fueron llamados por el cuñado de Salomón, Hiram, rey de Tiro. Tenía este templo las puertas decoradas, flanqueadas por dos columnas de bronce con hachones en los que resplandecía el fuego o se quemaban perfumes, y una altura de unos 10 metros y medio. El edificio recibiría la luz por unas ventanas situadas debajo de los aleros, técnica que procedía de la arquitectura egipcia.


El culto a Melkart estaba especialmente arraigado en Tiro. El nombre de Melkart significa Rey de la Ciudad, en lengua fenicia. Se le representaba como una divinidad que producía vida en primavera, vida que después perecía bajo el sol abrasador del verano, como le ocurre a la vegetación mediterránea. Más tarde adquirió atributos como protector de marinos y comerciantes. Las hazañas de Melkart y los trabajos de Hércules se entrelazaron formando un mismo ciclo mitológico.


Melkart


El Herekleion estaba situado a 18 kilómetros de Cádiz, sobre una isla alargada y estrecha en cuyo extremo norte estaba la ciudad, desde la que partía un camino que llevaba al santuario, levantado en el otro extremo. El lugar es conocido hoy con el nombre de Sancti Petri, y tiene unas dimensiones muy inferiores a las de entonces, tras dos mil años de erosión marina.


Las descripciones clásicas señalan que allí existió un gran templo construido al estilo fenicio, que era muy antiguo y tenía enormes vigas de madera en el techo, y que los ritos y las ceremonias de los sacrificios a ellos asociados eran completamente fenicios. Habría, por tanto, un gran patio abierto, con columnas posiblemente de estilo oriental, en uno de cuyos extremos se alzaba el templo con un altar aislado delante de él, y otros altares, templos y monumentos conmemorativos en su interior.


Reconstrucción del Herakleion


El templo no contenía ninguna imagen de culto. En el interior del patio que lo rodeaba había dos fuentes de agua dulce que se utilizaban para las abluciones, un oráculo y probablemente un almacén para el tesoro del templo. Había también un olivo. Los escritores más fantasiosos imaginaron que se trataba del árbol de Pigmalión, cuyos frutos se decía que eran esmeraldas en lugar de olivas. Los rituales eran aún marcadamente fenicios incluso en la época de Julio César; los sacerdotes que allí servían iban descalzos, con la cabeza rapada, y llevaban unas túnicas de lino blancas, decoradas con flecos color púrpura. No existen pruebas convincentes de que se realizaran sacrificios humanos.


Según el historiador Pomponio Mela, la gran fama del templo era debida a que debajo estaban enterrados los restos de Hércules. Además guardaba reliquias como el cinturón de Teucro, héroe griego hijo de Telamón. Las fuentes clásicas relatan que fueron muchos los grandes personajes que visitaron este templo. Tito Livio narra que Aníbal llegó a la isla para ofrecer al dios sus votos antes de emprender la conquista de Italia. Y en este mismo santuario Julio César tuvo un sueño que le predecía el dominio del mundo, después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante.


Capitel del templo

Resulta imposible establecer con exactitud su fecha de fundación. Se puede encontrar alguna pista en las tres estatuillas de bronce extraídas del lecho marino. Dos de ellas están relativamente bien conservadas y son de estilo egipcio; representan a un hombre con barba que lleva una tiara y un faldón corto, y a un joven afeitado y con una corona. Las tres tenían agarraderas en los pies por las que se sujetaban a un pedestal, y podrían datarse entre los siglos VIII y VII a. C. Una fecha cautelosa para la fundación sería, por tanto, el 700 a. C. Un problema relacionado con ello es el de la fundación de Gadir, que ha dado lugar a una controversia durante siglos. No existen hallazgos fenicios anteriores al 600 a. C., pero podrían salir a la luz restos anteriores que confirmaran la fecha tradicional de su fundación en torno al 1100 a. C.


El templo comenzó su decadencia en el siglo IV, y terminó de perder su pasada grandeza durante la época visigoda.


Sancti Petri

Gadir era también la sede de al menos otros dos templos, el más importante de los cuales era el Kronion, del que nada se sabe.




Bibliografía:

España en los albores de la Historia – Richard J. Harrison


miércoles, 25 de noviembre de 2009

El último torneo de Enrique II


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Las predicciones amenazaban el destino del rey de Francia. Un astrólogo había escrito que Enrique II debía evitar todo combate en campo cerrado, especialmente a los 41 años, porque en esa época parecía correr el riesgo de sufrir una grave herida en la cabeza. La reina, Catalina de Médicis, presa de la preocupación invitó a la corte al célebre Nostradamus, pero éste confirmó el horóscopo:
El león joven al viejo vencerá
En campo bélico por duelo singular
En una jaula de oro los ojos le hará saltar
Dos clases una, después morir, muerte cruel.
Nostradamus

La ocasión llegó tras el Tratado de Cateau-Cambresis, mediante el que concedía a su hermana Margarita como esposa al duque de Saboya, y a su hija Isabel al rey de España. La corte se disponía a gozar de los festejos preparados para las próximas bodas, y Enrique no pudo resistir la tentación de tomar parte en el torneo que debía realizarse en la place des Vosgues, ante el palacio des Tournelles.
El día del combate, el rey hizo su entrada en la palestra luciendo los colores de la eterna favorita, Diana de Poitiers. El que defendía el campo debía romper tres lanzas, y los asaltantes una. Enrique había de medir sus armas la primera vez con Filiberto de Saboya, la segunda con el duque de Guisa y la tercera con Gabriel Montgomery, capitán de sus guardias escoceses.

El rey se hizo armar por el señor de Vieilleville e irrumpió contento, rompiendo esas tres lanzas previstas. Después rogó al señor de Vieilleville, que debía actuar en la palestra después de él, que le permitiese romper una lanza más, porque deseaba el desquite, dado que Montgomery le había hecho vacilar tanto que estuvo a punto de caer perdiendo el estribo. El otro caballero le respondió que era ya bastante lo que había hecho rompiendo tres lanzas. Le contó que Blaise Montluc había visto en sueños al rey sentado en una silla con el rostro cubierto de gotas de sangre, y que él mismo temía una gran desgracia.
Enrique II
La reina le rogó que no se batiera más, porque su corazón continuaba palpitando de ansiedad, pero la respuesta de Enrique fue decirle que se batía precisamente por amor a ella. El mismo Montgomery le rogó que desistiese, permaneciendo un minuto pensativo. Tal vez recordaba que Catalina, dos días antes, había mencionado en su presencia aquella profecía. Pero tras esa ligera vacilación, Montgomery aceptó finalmente romper la última lanza.
Los dos caballeros avanzaron rápidamente. La lanza de Montgomery chocó contra la visera del casco del rey, que, al golpe, se alzó con violencia, y la lanza astillada penetró en su ojo para salir por el oído. La reina se desmayó, y el rey, ya sin sentido, fue transportado a palacio después de pronunciar estas palabras:
—Soy muerto.
Después de cuatro días de horribles sufrimientos, mientras se trataba de arrancar de la herida las astillas de la lanza, recobró el rey el conocimiento, llamó a su presencia a la reina y le encargó que se realizase el matrimonio de su hermana. Tras encomendarle a sus hijos y los negocios del Estado, falleció al cabo de once días de agonía pese a todos los esfuerzos del médico Ambrose Paré, el 10 de julio de 1559. Fue enterrado en la basílica de Saint-Denis.
Catalina de Médicis
Las pruebas del dolor de Catalina son innumerables, y el embajador inglés Throckmorton escribió que “ante aquel lecho de muerte, la reina permaneció todo un día sin poder articular ni una sola palabra”. Y Ana de Cossé dijo: “La reina estaba tan desconsolada que el verla hacía acudir las lágrimas a los ojos”. Su propia nuera, María Estuardo, escribía: “Ella está tan dolorida y ha sufrido tanto con la enfermedad del rey, que temo enferme gravemente”.
Desde aquel día llevó siempre luto, y no se lo quitó más que durante unas pocas horas cuando se casaron sus hijos, por dar a las fiestas mayor solemnidad. Cambió las armas de su blasón, tomando en su lugar una lanza rota y la divisa Hinc dolor, hinc lacrymae (de aquí mi dolor, de aquí mis lágrimas). Como nos dice Brantôme, “las llamas del verdadero y sincero amor que profesó al rey su esposo, conservaban aún rescoldos”.


Bibliografía:
Catalina de Médicis – Ana Franchi

lunes, 23 de noviembre de 2009

El elefante de Carlomagno



Abul-Abbas era un elefante asiático que el Emperador Carlomagno recibió como regalo de parte del califa de Baghdad, Harun al-Rashid, en el año 798, tras una embajada despachada por Carlomagno hacia el califato el año anterior. A este regalo sumaba el califa otro más: un reloj mecánico del que salía un pájaro que anunciaba las horas.

El nombre del elefante, así como los acontecimientos de su vida, están recogidos en los annales regni francorum. El elefante surcó el mar Mediterráneo en un barco que desembarcó en Italia en octubre del año 801. Venía con un judío llamado Isaac que era su mahout, es decir, la persona que conducía al elefante.

Ambos siguieron la costa de Egipto hasta Ifriqiya (Argelia y Túnez), territorio gobernado por Ibrahim al-Aghlab, que se lo había comprado al califa por 40.000 dinares al año. El elefante se hizo a la mar en la ciudad de Kairouan y desembarcaron en Portovenere. Abul y su mahout pasaron el invierno en Vercelli, y en primavera cruzaron los Alpes hasta la residencia del emperador en Aquisgrán, adonde llegaron el 1 de julio del año 802.

Parece ser que se trataba de un elefante albino. Era en Aquisgrán (Aachen) donde Carlomagno lo mantenía. Lo había alojado en la corte como huésped de honor, lo lavaba personalmente y hablaba con él. Además, fue exhibido en varias ocasiones ante la corte. Finalmente fue conducido a Augsburgo, donde pasó a residir.

Según la leyenda, también fue utilizado como elefante de guerra en el año 804, cuando el rey danés atacó un poblado de comerciantes cerca de Dinamarca y obligó a la gente a trasladarse al suyo recién construido en Hedeby. Carlomagno movilizó a sus tropas contra los daneses, y cuentan que envió a buscar al elefante para que tomara parte en la batalla. Sin embargo, las escasas fuentes de la época no mencionan su uso en la guerra, así como tampoco nos dan los detalles de su muerte.

Se sabe que falleció en el 810, estando Abul en los cuarenta años. Su muerte pudo deberse a una pulmonía tras haber nadado en el río, pero según otra versión, un día el pobre elefante cogió una indigestión que lo llevó a la tumba. Carlomagno lloró mucho su pérdida y decretó un día de luto nacional.
Algunos autores han puesto en duda la existencia del elefante basándose en que no creen que los barcos medievales fueran capaces de transportar un elefante. La mayoría, en cambio, encuentran imposible suponer que el emperador o el califa tendrían dificultad alguna en construir un barco capaz de transportar 5 toneladas meramente.


Bibliografía:
War elephants - John M. Kistler
Historia de la Edad Media – Indro Montanelli y Roberto Gervaso



sábado, 21 de noviembre de 2009

Gracias por el premio


Hoy cuando me asomé a mi blog me aguardaba una grata sorpresa que venía del país "colocado en el mismo trayecto del sol". Madame Romayris había entrado a dejarme el grato mensaje de que tenía una sorpresa para mí aguardando en su blog El mundo a través de mis ojos. Y cuando entré a ver me encontré con este premio que ha tenido la amabilidad de concederme.

Muchísimas gracias, madame, por su gentileza. Aquí lucirá su bonito gesto.

viernes, 20 de noviembre de 2009

La belleza en la Edad Media


La mujer de la Edad Media hubo de padecer las consecuencias de una época caracterizada por la austeridad, las frecuentes guerras y las grandes epidemias. El cuidado de la belleza resurge, sin embargo, en los siglos XI al XIII al organizarse en Occidente las Cruzadas para recuperar los Santos Lugares, entonces en manos de los musulmanes. Estas guerras originaron contactos e intercambios con otras culturas, una de cuyas consecuencias fue la introducción de nuevas técnicas en la cosmética. Los caballeros volvían a casa con todo tipo de preparados exóticos nunca vistos. Los aceites esenciales adquirieron popularidad como perfumes y también se utilizaron como antisépticos para combatir la peste.


Los vendedores ambulantes de bálsamos, artículos de tocador y hierbas medicinales, iban de castillo en castillo vendiendo sus productos. Ellos eran quienes conservaban y renovaban los secretos de la cosmética. Los productos de belleza se guardaban en el tocador, un hermoso mueble lleno de cajones y espejos con aspecto de escritorio.



Las culturas europeas tenían especial aprecio por la piel pálida, que se convirtió en signo de bienestar económico y categoría social. Las mujeres tomaban medidas extremas para diferenciarse de las campesinas curtidas a la intemperie y lograr una piel blanca, llegando incluso a provocarse hemorragias. Agregar un color rosa sutil tal como se usaba en el Siglo XIII era otro símbolo de importancia social, ya que sólo los ricos podían pagar un maquillaje facial color rosa.


La importancia de la piel blanca como signo de riqueza continuó durante el Renacimiento Italiano. Las mujeres llegaban a utilizar ingredientes mortales como el plomo y el arsénico. Los remedios cutáneos naturales también eran populares y la mayoría de las nobles tenían su propia receta para combatir los efectos nocivos de la pasta de plomo en el rostro. Utilizaban mascarillas con raíces de espárragos molidas y leche de cabra, que se friccionaban en la piel con trozos de pan caliente. También se popularizaron los cabellos con trenzados elaborados y se hacía algo así como un gel capilar con una mezcla de excrementos de golondrina y sebo de lagarto. Las damas de la nobleza se aplicaban albayalde en el rostro; se depilaban las cejas y se pintaban los labios de color rojo oscuro con tintes vegetales. Pero el carmín sólo lo usaban las prostitutas.



Durante los primeros siglos de la Edad Media los nobles no descuidaban la higiene personal. Visitaban con frecuencia los baños públicos en las ciudades, mientras que en los castillos las damas se bañaban con agua fría perfumada con hierbas aromáticas. Pero al avanzar la Edad Media estas costumbres se van olvidando. Los perfumes de fuerte olor sustituirán poco a poco a la más mínima higiene corporal.


Durante los siglos XV y XVI se lleva a cabo la gran transformación. Vuelve el gusto por los placeres, la belleza, y aún mejor, por la higiene. Es el Renacimiento, una época en que los valores estéticos toman un nuevo impulso, olvidados desde Grecia y Roma. Es el momento del florecimiento del arte italiano, de los mecenas. La estética, en todos los campos creativos, llega a cotas refinadísimas. La belleza lo abarcará todo, y por lo tanto la estética femenina formara también parte de esta armonía. Italia se convertirá en el centro europeo de la elegancia. De allí saldrán las nuevas propuestas de la moda, la belleza y la estética para influir en las cortesde Europa.



El ideal de belleza de las mujeres nobles italianas consistía en tener un cuerpo de formas muy curvadas, la frente alta y despejada, sin apenas cejas y, como hemos visto, la piel blanquecina. Tener el pelo rubio era sinónimo de buen gusto y para conseguirlo mezclaban los extractos más inverosímiles. Las damas de la nobleza veneciana se teñían el pelo con lociones compuestas de flores de azafrán y sulfuro y las hacían cocer en sus cabezas sentándose bajo el cálido sol del verano. Una nueva invención fue la introducción del lunar postizo, en un principio hecho con pequeños círculos de terciopelo negro, que se utilizaba para ocultar imperfecciones como verrugas, granos y cicatrices de la viruela. Las venecianas, además del rostro, se maquillan los pechos, que se muestra ostensiblemente a través de los grandes escotes, gustan de los perfumes traídos de Asia: almizcle, ámbar, sándalo, incienso, mirra y clavo de especias. También utilizan los extractos de rosa, jazmín, lavanda, violeta.


Los primeros tratados de cosmética y belleza aparecieron en Francia e Italia durante estos siglos. En el libro de Catalina de Sforza, Experimentos, encontramos toda clase de recetas de cosmética y perfumería, escritos sobre maquillaje, para corregir defectos del cuerpo e incluso reconciliar matrimonios.